| CANTOS DE LOS
SESENTA
I
Miro los rasgos de mi tristeza.
Contemplo
los gestos secretos del desierto de mis miedos.
Cuando tu canto
es la poesía soñadora
de todas mis imágenes nocturnas.
II
Por la pobreza de mi ser
pasa el vacío de todos mis miedos.
Pero en la soledad sonora de mi existencia
la melodía de tu voz viene a enriquecer mis manos.
Empobreciendo aquellos tan altos ideales
entre el peso del amor y la carga del fracaso.
III
Yo podía prescindir de tu canto
por
la sencilla razón
de que tú no puedes prescindir de él.
¿Cómo será posible el equilibrio
entre la belleza que expresa tu cantar
y el desamparo de todo mi sembrar?
IV
Para que mi mirada no se vea obligada
y respete la locura y el dolor de cada calle.
La realidad es bastante triste
Necesito volar contigo,
no resignarme con la sola letra del mensaje
V
Canto de ilusiones, te abres
a mi mundo por todos los sentidos.
Y mi pensamiento se abre por el corazón
a tu canto
Y cada momento me trae aún más
sorpresa.
Enséñame a poseer
para poder vivir sin tener-
VI
¿Asumo el retrato de tu sonrisa,
a los rasgos de mi tristeza?
Pasado fugaz y futuro acelerado.
No tengo ni puedo tener
más que lo que soy.
Qué bien me lo has hecho ver.
VII
No hay nada más en mis manos frías.
En otro tiempo soñé,
y era otra la vida de mi corazón.
Pero ahora ya sueño menos
y el mundo ya no me habita.
Pero, gracias a ti,
aunque las tinieblas borren los límites,
aún soy capaz de leer correctamente
las exactas formas de tu canto.
VIII
Más allá de los primeros rubores,
más allá del silencio y de mí mismo,
fui poniendo nombres a mis m notas.
Y tú, sentido a mis cosas.
IX
Ardía la tristeza del hambre,
las oraciones eran incesantes.
Hasta que tu canto también gimió
y a todas mis sombras distrajo
con el incienso de sus mariposas-
X
No soy ningún alarido ante la
eternidad.
Ese error ya no pesa en mi mundo real.
Bien todo eso me has enseñado.
La belleza de tus arias
está en cada nota que cantas,
no en el agudo final.
XI
Tu canto llega
a mis sombras ya apaciguadas.
Encendiendo las sutiles vibraciones
de mis sentimientos diurnos.
Apagando los gritos
de mis imágenes nocturnas.
Despertando las calladas señales
del lenguaje de mi cuerpo.
No lo tengo olvidado.
Y ahora lo mismo, igual que mañana.
XII
Mucho me importaba tu sabiduría:
el saber de tu amor
y el amor de tu saber.
No me interesaba tanto el después,
sino el ahora.
Atento al brillo del instante,
al mensaje de cada hora
Aprendí sabiendo lo que aprendía.
Más vale un consecuente aproximación
que una no tan consecuente verdad.
XIII
Todas estas mentiras de hoy
un día las llevará el viento.
Pero nunca arrastrará tu canto
irrepetible.
Siempre mantendrá su brillo
entre tanta letra muerta
Tu canto nunca será una ausencia o un
olvido.
Sin duda, lo que yo no tenga
siempre lo encontraré en tu espejo
ya
tan mío.
XIV
No, los mitineros no.
Están locos como cencerros.
Atrás he dejado todo su griterío.
Sólo busco la claridad
del silencio. Donde
integre mis sombras y supere mis miedos.
XV
Gianna.
Palabra deliciosa y tierna.
Luz y canto de amor en la orilla
donde el deseo ya no desespera,
donde el bien y la belleza es amor.
El amor del canto y el canto del amor.
Gianna .
Canción en mi alma tan bien guardada.
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